Puede ser esta una última noche, ahora que un calor sofocante me amarra al presente y me obliga a escribir con cierta cordura. Busco dar sentido a lo que encierran estas palabras y un motivo para justificar haber llegado hasta aquí.

Empezaría por diseccionar las múltiples partes de mi locura, la asumible locura que solo yo entiendo. Bastará con dejar de mirar hacia un punto equidistante de mi memoria, a romper las proyecciones de los recuerdos, la angustiosa espera a tantos caprichos del destino. Cerrar los oídos a esas voces que dudan de mis decisiones. Soy algo impreciso para decidir que hacer cada mañana, mi seguridad se reafirma al anochecer cuando los anhelos son abrigo a las dudas.

Hielo sobre las manos, un puñal de rencor alojado en la espalda, la tregua ha dado paso a un gélido silencio. Niego para afirmar que soy imperturbable a las mentiras cuando realmente las manejo con maestría. Ha sido cuestión de escuchar y encajar verdades que encerraban grandes dosis de egoísmo.

Es mi turno, puta vida.